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EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD



   En Navidad celebramos el hecho histórico más importante narrado en el Nuevo Testamento, el milagro de amor de Dios hacia los hombres, plasmado en el Nacimiento de Jesús en Belén.

   La Navidad es tiempo de alegría, de júbilo por la conmemoración de tal evento, tradición, rito y simbolismo se entremezclan conformando el ambiente navideño. Todo a nuestro alrededor nos predispone e impele a la participación festiva, ciudades, calles y hogares engalanados e iluminados, villancicos, belenes, regalos, reuniones familiares, felicitaciones, buenos deseos y augurios, espectáculos que promueven magnánimos sentimientos y actitudes benévolas, todo ello, conforma el atrezzo del escenario navideño en el que nos vemos sumergidos.

   No obstante, circunscribir la Navidad, exclusivamente, a ese ambiente festivo es desvirtuar la esencia de la Navidad, es restringirla a un acontecimiento vacuo y trivial, que al cercenar el componente religioso suele generar sentimientos antagónicos a los esperados, de ahí la decepción y la amargura que a muchas personas genera esta celebración.

   La Navidad es ante todo un una festividad religiosa, para los cristianos la Navidad tiene un sentido más profundo, las creencias religiosas les facultan para pasar por encima de lo efímero y superficial de la Navidad y adentrarse en la transcendencia del hecho suprasensible, extraordinario y divino del Nacimiento de Jesús.

   Podemos considerar la Navidad como un paréntesis en la vorágine que vivimos, tiempo en el cual dar cabida a los comportamientos más sublimes, tiempo de enaltecer las actitudes y cualidades más estimadas por todos nosotros, y que a su vez benefician el orden moral y la convivencia social.

   El Nacimiento de Jesús es un compendio de amor, humildad, generosidad, humanidad ... Por ello todas las tradiciones y costumbres surgidas, a lo largo del tiempo, para celebrar la Navidad, encierran un objetivo muy significativo: evocar  y afianzar esos valores y promover la cohesión y el sentido de identidad de los distintos grupos sociales.

   La Navidad es tiempo de amar, respetar, y tratar con dignidad a los demás, es tiempo de perdón, de tolerancia, de comprensión, es tiempo de gratitud, de humildad, y tiempo de generosidad, de compartir; en estas premisas se fundamenta el espíritu  de la Navidad, la voluntad de ponerlas en práctica nos hará vivir este periodo festivo de un modo especial, logrando disfrutar del verdadero espíritu de la Navidad.

ALTRUISMO

Madre Isabel Larrañaga 


 El término altruismo alude a los sentimientos de preocupación que una persona tiene por los demás, así como a los comportamientos de dedicación y entrega hacia ellos, a pesar de que esos comportamientos conlleven renuncias, sacrificios, esfuerzos o  quebranto de su propio bienestar.

   La persona altruista llega a elaborar principios de valor universal que están más allá del propio interés individual, y es en esos principios donde encuentra razones para su conducta altruista en bien de la comunidad.

   Entre los principales motivadores de la conducta altruista destaca la empatía, se trata de una respuesta afectiva congruente con el estado emocional de los demás que predispone a la ayuda, importantes también son las normas morales, efectivos reguladores de la conducta, y que inducen igualmente a la conducta altruista, normas tales como reciprocidad, justicia y responsabilidad social, consolidan tendencias altruistas, de hecho se constata que la relación entre juicio moral y conducta es estrecha: a juicio moral más evolucionado, mayor probabilidad de conducta altruista.

   Pero el que una persona realice esfuerzos o sacrificios en bien de la comunidad depende en gran medida de su personalidad. La persona altruista pertenece al tipo de personalidad descrito como social, es decir, personalidad orientada a pensar y responsabilizarse en el bienestar de los demás,  esta personalidad queda conformada por componentes-valores de ayudaigualdad, atribución de responsabilidad, desarrollo moral, responsabilidad social y empatía disposicional, concepto positivo de los demás, y autopercepción positiva, en oposición a valores de egolatría, individualismo, comodidad, ambición o egoísmo, ya que la finalidad de la persona altruista es la entrega y el amor a los demás.

   El altruismo es, por tanto, un rasgo de la personalidad que se adquiere y modela paulatinamente a lo largo del proceso de madurez de la personalidad, constituyendo un importante factor de equilibrio psicológico.

   El estilo de socialización constituye otro factor importante en el desarrollo de la conducta altruista. 

   El refuerzo social de conductas prosociales,  por parte de los padres y educadores, se relaciona con una mayor tendencia a ayudar a los demás. 

   Utilizar técnicas inductivas en la educación, explicando al niño las razones por las que determinadas conductas están mal, resaltando las implicaciones y efectos dolorosos de la conducta del niño en otras personas, consiguen una mejor internalización de la moral y se relacionan de forma positiva y clara con  conductas prosociales y altruistas, ya que desarrollan la capacidad para ponerse en el lugar el otro, fomentan la empatía y favorecen sentimientos de pesar ante el dolor ajeno provocado por uno mismo.

   Asignar responsabilidades (de acuerdo a la edad y habilidades del niño) desarrolla la capacidad de autoatribución de responsabilidad al generar sentimientos de competencia y promover mayor capacidad empática y un concepto de sí mismo como persona altruista.

   El altruismo significa volcarse al exterior, a los problemas e intereses de los demás, para olvidarse de los propios en beneficio de aquellos.


   Paradigma de una persona altruista es la Madre Isabel Larrañaga, Fundadora de las Hermanas de la Caridad del Sagrado Corazón de Jesús, la lectura del libro “CARIDAD DE MADRE” de Alberto Barrios Moneo, Claretiano, y que me regaló la Hermana Cid, ha forzado este artículo como agradecimiento y reconocimiento a su inmensa labor.


EL ESPÍRITU DE LA NAVIDAD

   En Navidad celebramos el hecho histórico más importante narrado en el Nuevo Testamento, el milagro de amor de Dios hacia los hombres, plasmado en el Nacimiento de Jesús en Belén.

   La Navidad es tiempo de alegría, de júbilo por la conmemoración de tal evento, tradición, rito y simbolismo se entremezclan conformando el ambiente navideño. Todo a nuestro alrededor nos predispone e impele a la participación festiva, ciudades, calles y hogares engalanados e iluminados, villancicos, belenes, regalos, reuniones familiares, felicitaciones, buenos deseos y augurios, espectáculos que promueven magnánimos sentimientos y actitudes benévolas, todo ello, conforma el atrezzo del escenario navideño en el que nos vemos sumergidos.

   No obstante, circunscribir la Navidad, exclusivamente, a ese ambiente festivo es desvirtuar la esencia de la Navidad, es restringirla a un acontecimiento vacuo y trivial, que al cercenar el componente religioso suele generar sentimientos antagónicos a los esperados, de ahí la decepción y la amargura que a muchas personas genera esta celebración.

   La Navidad es ante todo un una festividad religiosa, para los cristianos la Navidad tiene un sentido más profundo, las creencias religiosas les facultan para pasar por encima de lo efímero y superficial de la Navidad y adentrarse en la transcendencia del hecho suprasensible, extraordinario y divino del Nacimiento de Jesús.

   Podemos considerar la Navidad como un paréntesis en la vorágine que vivimos, tiempo en el cual dar cabida a los comportamientos más sublimes, tiempo de enaltecer las actitudes y cualidades más estimadas por todos nosotros, y que a su vez benefician el orden moral y la convivencia social.

   El Nacimiento de Jesús es un compendio de amor, humildad, generosidad, humanidad ... Por ello todas las tradiciones y costumbres surgidas, a lo largo del tiempo, para celebrar la Navidad, encierran un objetivo muy significativo: evocar  y afianzar esos valores y promover la cohesión y el sentido de identidad de los distintos grupos sociales.

   La Navidad es tiempo de amar, respetar, y tratar con dignidad a los demás, es tiempo de perdón, de tolerancia, de comprensión, es tiempo de gratitud, de humildad, y tiempo de generosidad, de compartir; en estas premisas se fundamenta el espíritu  de la Navidad, la voluntad de ponerlas en práctica nos hará vivir este periodo festivo de un modo especial, logrando disfrutar del verdadero espíritu de la Navidad.

EMPATÍA Y SOLIDARIDAD

   El asesinato, la violencia, la extorsión nunca pueden ser medios para lograr unos fines, sean cuales fueren. El asesinato, la violencia, la extorsión son medios que atentan contra los más elementales derechos del hombre, por tanto son inhumanos y execrables, y las instituciones estatales tienen el deber y la obligación de perseguirlos y erradicarlos.

   Ante medios tan infames y depravados no cabe más que una ley justa y ecuánime y una justicia íntegra, escrupulosa, incorruptible e insobornable.

   Las políticas de apaciguamiento, han demostrado a lo largo de la historia que enquistan y enrarecen el problema, enardecen las ansias de los criminales ante oponentes timoratos, irresolutos y pusilánimes, que ceden ante la perversidad de sus crímenes, exonerando o aliviando las penas impuestas por los delitos cometidos, además de ceder a sus chantajes y exigencias con prebendas y beneficios excepcionales.


   Las políticas de apaciguamiento suelen ser practicadas por gobiernos acomplejados y cobardes, que despreciando los recursos de un estado de derecho recurren a un despreciable "buenismo" aplicando medidas de excepción a conveniencia  de los asesinos, claudicando así ante las pretensiones y exigencias de los extorsionadores y asesinos, Gobiernos incapaces de asumir su error y su cobardía, propensos a utilizar la demagogia, a intoxicar con falsedades y patrañas y endulzar con conceptos encomiables las viles cesiones acordadas con los asesinos.

      Ante tales circunstancias, a los ciudadanos no les queda más que la rebelión cívica, oponer resistencia a tales artimañas y exigir que la ley y la justicia erradiquen el terror que ha sembrado muerte, dolor y desesperanza en miles de familias.


   Hoy en Madrid se ha producido el ejemplo más explícito de EMPATÍA Y SOLIDARIDAD.


   Ante la convocatoria de la asociación VOCES CONTRA EL TERRORISMO, muchos españoles de generoso corazón han compartido y sentido los sentimientos de las víctimas, han admirado su coraje y valentía para liderar la rebelión cívica, y se han solidarizado y adherido a su causa enarbolando la bandera MEMORIA, DIGNIDAD y JUSTICIA.

   En la plaza de la República Dominicana, enclave del monumento a la memoria de todas las víctimas del terrorismo, lugar en el que un 14 de julio de 1986 morían 12 Guardias Civiles y 50 personas resultaban heridas, víctimas de la acción de bárbaros terroristas, miles de personas se han aglutinado en torno a las víctimas para exigir justicia bajo el eslogan "ANTE LA IMPUNIDAD, JUSTICIA".


   La empatía suscitada ante la humillación y desprecio que reciben las víctimas, ha encadenado una actitud de comprensión, solidaridad y adhesión en el corazón de muchos españoles que han asistido a la convocatoria, apoyando y arropando a las víctimas en su noble y legítima causa, asumiendo un compromiso responsable con ellas, no dejarlas nunca solas, porque la causa de las víctimas no es ajena al resto de sus compatriotas, sino una causa común que ellas han liderado.

   Hoy en la Plaza de la República Dominicana han triunfado las emociones, sentimientos y actitudes más sublimes y profundos: empatía, solidaridad, comprensión, apoyo, compromiso, amistad, patriotismo, unidad ...todos, españoles, comprometidos responsáblemente con la misma causa: por las víctimas, por España ¡¡¡ANTE LA IMPUNIDAD, JUSTICIA!!!





   ¡¡¡ JUSTICIA, JUSTICIA, JUSTICIA !!!

PAZ y JUSTICIA

   "La verdadera paz no es simplemente la ausencia de tensión; es la presencia de justicia" Martin Luther King


 El Papa Juan Pablo II aludía, igualmente, a la justicia en el mensaje pronunciado en el año 2003 con motivo de la celebración del Día Mundial de la Paz. El mensaje del Papa basado en la Encíclica "Pace in Terris", publicada cuarenta años antes, en 1963, por el Papa Juan XXIII, en la cual se exponían los cuatro requisitos necesarios para que reine verdaderamente la paz: verdad, justicia, amor y libertad.

      "Verdad, justicia, amor y libertad, fundamentos de la convivencia humana"
      ... la convivencia civil sólo puede juzgarse ordenada, fructífera y congruente con la dignidad humana si se funda en la verdad... Esto ocurrirá, ciertamente cuando cada cual reconozca, en la debida forma, los derechos que le son propios y los deberes que tiene para con los demás... una comunidad humana será cual la hemos descrito cuando los ciudadanos, bajo la guía de la justicia, respeten los derechos ajenos y cumplan sus propias obligaciones; cuando estén movidos por el amor de tal manera, que sientan como suyas las necesidades del prójimo... Ni basta esto solo, porque la sociedad humana se va desarrollando conjuntamente con la libertad, es decir, con sistemas que se ajusten a la dignidad del ciudadano, ya que, siendo éste racional por naturaleza, resulta, por lo mismo, responsable de sus acciones". Encíclica "Pace in Terris" Juan XXIII.

   La paz es el proceso de la búsqueda de la justicia en los diferentes niveles de relación humana.

   Asociaciones de víctimas del terrorismo como Voces Contra el Terrorismo VCT, se involucran en la búsqueda de la justicia, enarbolando la bandera de la MEMORIA, DIGNIDAD y JUSTICIA como emblema de la asociación.

   MEMORIA, DIGNIDAD y JUSTICIA, compendio de los objetivos que propugna la asociación, y que a su vez otorga a sus afiliados una identidad de pertenencia, personas con los mismos objetivos y las mismas necesidades de compresión, de afecto, de desagravio y reparación para un brutal suceso que quebró sus vidas, sumiéndolas en el dolor y el desconsuelo más profundo.

   VCT reivindica MEMORIA para sus víctimas, manteniendo vivo su recuerdo en una sociedad hedonista, que ha perdido la conciencia de "el otro", que obvia y rehúye el dolor ajeno, teniéndolas presentes, recordándolas, tratando de perpetuarlas en la memoria colectiva de los españoles a través del tiempo.

   VCT demanda DIGNIDAD para las víctimas, merecedoras de honor y respeto, dignas de ser honradas como víctimas inocentes de la sinrazón de unos asesinos.

   VCT reclama JUSTICIA frente al acto criminal de unos terroristas, reclama que el estado garantice que los criminales sean juzgados y castigados por los sanguinarios atentados con la pena que se merecen de acuerdo a las leyes vigentes.

   Las víctimas reivindican JUSTICIA único camino para la paz verdadera, que junto con la VERDAD, el AMOR y la LIBERTAD será una paz duradera en la convivencia de este país.


   La sociedad civil tiene el deber de involucrarse exigiendo JUSTICIA. No se puede dejar, solamente en manos de los políticos, ya que éstos suelen contaminar el proceso con argucias que les proporcionen réditos electorales.


   ¡¡¡ LA PAZ REQUIERE JUSTICIA !!!


   "La muerte de un ser humano no puede ser la solución a cualquier reivindicación y no puede hacer de los asesinos interlocutores del diálogo y la paz" Benedicto XVI



RESPETO Y TOLERANCIA

   Noticias de última hora refieren altercados en la Puerta del Sol de Madrid, preludio de la lamentable bienvenida que algunos grupos anticatólicos anuncian para recibir a Benedicto XVI en su visita a Madrid, para presidir las Jornadas Mundiales de la Juventud.

   Benedicto XVI es cabeza visible de la Iglesia Católica y Jefe de Estado y Soberano del Estado del Vaticano, como personalidad que ostenta tales responsabilidades merece ser recibido con RESPETO y TOLERANCIA.

   Respeto y Tolerancia eran, hasta no hace mucho tiempo, valores que prevalecían en la convivencia de este país, desgraciadamente, hoy día brillan por su ausencia. Nuestra sociedad se ha degradado, y la ausencia de valores, hoy más que nunca, queda en evidencia.

   Es cierto que esas palabras, respeto y tolerancia, abundan en el lenguaje coloquial, pero son solo eso: palabras, más bien, palabrería. Vivimos una realidad en la cual el cinismo y la desfachatez imponen su ley y orden, haciendo que las palabras signifiquen lo contrario de su concepto original. Así actitudes totalmente opuestas al respeto y la tolerancia quedan maquilladas con tales epítetos.

   El RESPETO es la esencia de las relaciones humanas, base de la cordialidad y la amabilidad en todos los ámbitos de convivencia. Respeto significa atención, consideración y cortesía que manifestamos a otras personas. Todas las personas tenemos derecho a ser tratados con dignidad y respeto, y todos tenemos la responsabilidad de tratar a los demás con la misma dignidad y respeto con que deseamos ser tratados.

   La TOLERANCIA, por su parte, es la disposición a admitir en los demás una manera de ser, de actuar o de pensar, aceptando las diferencias personales, culturales, religiosas o de cualquier otro tipo, basándonos en la firme convicción de que nadie está en posesión de la verdad, y que nadie ostenta la prerrogativa, ni le asiste el menor derecho a imponer su verdad a los demás.

   El Papa acude a España a reunirse con los jóvenes en estas Jornadas Mundiales de la Juventud, viene a ejercer su ministerio "Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura" (Mc 16:15). Miles de jóvenes de todo el mundo han acudido a la convocatoria del Papa, la alegría, el bullicio y el entusiasmo inundan las calles de Madrid "Quien os recibe, me recibe; y quien me recibe, recibe al que me envió" (Mt 10:40).

   Son jóvenes ansiosos de escuchar el mensaje de Benedicto XVI, mensaje evangélico que preconiza valores universales de amor, caridad, justicia e igualdad "pero os digo a vosotros que escucháis: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian; bendecid a los que os maldicen; orad por los que os calumnian" (Lc 6:27-28); valores que nutren el espíritu "no solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra salida de la boca de Dios" (Mt 4:4), valores que constituyen una guía excepcional para encontrar sentido a la vida y significado a la existencia "Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos. Entonces conoceréis la verdad y la verdad os hará libres" (Jn 8:32).

   Esta España de mayoría católica, aguarda expectante y con gran emoción la visita del Papa, sintiéndose afortunada ante tal evento; las hondas raíces cristianas se verán fortalecidas con su presencia. Ante el furor e intolerancia anticatólico no olvidar que Jesús así nos lo anunció: "Seréis aborrecidos de todos a causa de mi nombre"  (Mc 13:13); "Si el mundo os odia sabed que antes que a vosotros me odió a mí" (Jn 15:14); "... si ellos me han perseguido, os perseguirán a vosotros también..." (Jn 15:20) "Y no temáis a los que matan al cuerpo, pero no pueden matar el alma" (Mt 10: 28).

¡¡BIENVENIDO A ESPAÑA!!
   

DESARROLLO MORAL


   Es en la intimidad del hogar, espacio de amor, aceptación y seguridad para el niño, donde éste recibe sus primeras nociones de moral.


   Los primeros años del niño son campo abonado para inculcar normas, principios y valores que vayan conformando su modo de ser. Los padres son las figuras protectoras que satisfacen todas las necesidades del niño, con ellos, el niño establece un vínculo afectivo que le asegura su amor, protección y aceptación, al mismo tiempo que trata de merecer esa aceptación, y su aprobación por medio de la bondad de su comportamiento.

   En esta realidad el niño se complace obedeciendo a sus padres, aceptando sus orientaciones y consejos. La obediencia a los padres en este periodo depende de un sentimiento asimétrico de respeto, mezcla de amor y miedo, que le lleva a acatar las normas y obedecerlas. Mediante la obediencia, el niño se asegura el cariño y la aceptación, la no obediencia le hace temer no ser aceptado y querido.

   Así vemos que el respeto se convierte en el origen de los primeros sentimientos morales, a la vez que la obediencia es la primera forma de conciencia moral, por otra parte, el respeto hacia los padres lleva al niño a interpretar lo mandado por ellos como obligatorio, pergeñándose, de esta forma, el sentido del deber.

   Hasta los 8 años aproximadamente, la moral del niño es heterónoma, la norma le es impuesta desde fuera, la ética de la norma depende de quien la dicta, el niño sólo la acata y obedece. Los padres enseñan, dirigen y disciplinan a lo niños en modos de hacer y actuar, transmiten costumbres y valores, e imponen normas o principios que determinen un buen comportamiento; el niño, a su vez, va adquiriendo conciencia de lo que está bien o mal, lo que es correcto o incorrecto, paulatinamente va interiorizando las normas y encontrándolas sentido. En este periodo heterónomo, el niño admite el castigo como justo y necesario cuando no hace lo mandado o lo hace mal, no obstante el sentido de justicia está subordinado a los padres y maestros.

   A partir de los 8 años el respeto del adulto es transferido a los iguales, entonces, el respeto se hace mutuo, simétrico, aparece la idea de reciprocidad, el niño aprende a ponerse en el lugar del otro, la moralidad del niño se fortalece con conceptos como el perdón,  la tolerancia, la comprensión y la solidaridad, conceptos que despiertan, a su vez,  el sentido de justicia, convirtiéndose en la norma central que prevalecerá sobre la simple obediencia. Y es sobre el concepto de justicia donde el niño asentará su autonomía y sentido de responsabilidad.

   Alrededor de la pubertad es cuando el niño comienza una etapa reflexiva que le lleva a dilucidar sobre el motivo de su comportamiento, y a juzgar los hechos por intenciones y no por resultados, lo que le lleva a determinar que no se debe castigar a todos por igual, sino según la responsabilidad de cada uno.

   Gradualmente el niño pasa de ser gobernado por los demás a gobernarse a sí mismo, se inicia el tránsito de la moral heterónoma a la moral autónoma, que da lugar a normas regidas por valores y principios universales, que nacen de dentro y se gestan en el seno de una reflexión e intercambio de punto de vista con iguales.


   

LIBERTAD

   Libertad, concepto abstracto, romántico y utópico, definido como la facultad de tomar decisiones y actuar según la propia voluntad, en ausencia de presiones internas o externas que determinen la elección.

   La libertad es inherente al hombre, el hombre es libre desde lo más profundo de su ser, la sublime aspiración de ser y sentirse libre es un derecho y un ideal al cual, el hombre, no puede ni debe renunciar, ahora bien, la libertad no es regalada, sino un bien a conseguir, que debe ser conquistada día a día a través de las decisiones y acciones llevadas a cabo.

   Pero ante ese noble empeño el hombre ha de ser consciente de que la libertad es relativa, el hombre se encuentra limitado por su propia naturaleza; la libertad plena, sin limitación, es una utopía, no existe, la libertad está sujeta a la libertad de los demás. No obstante, el hombre es plenamente libre para asumir esa limitación, interiorizarla e integrarla en su proyecto vital, de camino hacia su libertad.

   El camino hacia la libertad es arduo y complicado, requiere capacidad de autogobierno, es decir, capacidad de gobernarse a sí mismo, haciendo lo que se desea hacer, a pesar de que tal decisión conlleve renuncias y privaciones o precise de un gran esfuerzo; asimismo requiere capacidad de autocontrol, capacidad para controlar los impulsos, instintos y apetencias.

   Una herramienta indispensable del hombre libre, en ese difícil camino hacia la libertad, es la voluntad. Con voluntad el hombre puede emprender notables cometidos y alcanzar altas cotas de libertad; la ausencia de voluntad, por el contrario, conlleva servilismo y degradación, bien por la incapacidad  de realizar el esfuerzo requerido en la acción a realizar, o bien por una dependencia excesiva a necesidades y apetencias a las que no es capaz  de renunciar.

   Desde el punto de vista de la Psicología la conquista de la libertad puede verse afectada ante la presencia de un trastorno psicológico. Algunos autores definen la enfermedad mental como una pérdida de libertad.
   Así trastornos relacionados con la dependencia a ciertas sustancias (drogas, alcohol, etc) suponen una merma de la libertad por la adicción o sumisión a esas sustancias; en los trastornos del estado de ánimo (depresión, ansiedad, fobias) la libertad se ve constreñida por la incapacidad para iniciar o desarrollar actividades, escasa fuerza del yo, enlentecimiento mental, problemas de concentración y memoria, etc.; en los trastornos psicóticos la pérdida de libertad es aún más severa y dramática al producirse una desconexión con la realidad externa.

   A modo de corolario, concluir que la libertad individual es libre determinación, soberanía individual o autonomía, lograda al decidir y actuar por voluntad propia, de acuerdo a valores universales de justicia y respeto, en ausencia de presiones internas o externas.

NORMAS SOCIALES

    Las normas sociales son líneas de conducta que regulan el comportamiento de los miembros de un grupo, facilitando las relaciones y la convivencia dentro del mismo, porque sólo las conductas que guardan alguna regularidad pueden ser coordinadas con las conductas de otros.

   Las normas sociales se han establecido a lo largo de la historia de acuerdo a los usos, costumbres y tradiciones de una sociedad, su evolución es dinámica, al igual que la sociedad en la que surgen, transformándose y adaptándose a los cambios sociales que en ella tienen lugar.

   El proceso de socialización tiene lugar en el seno familiar, dentro de la familia los niños adquieren los conocimientos, capacidades, normas y valores fundamentales que les servirán para actuar de manera eficaz dentro de la sociedad. La asimilación de normas y valores familiares constituyen el bagaje con el que los niños inician su incursión en otros ámbitos más amplios, tales como la escuela, los amigos y la sociedad en general, ámbitos en los que se enfrentarán a situaciones y vivencias desde las cuales descubrirán y construirán sus propias normas.

   Los niños necesitan y reclaman normas que guíen su conducta en una amplia variedad de situaciones, requieren aprender buenas maneras y normas convencionales de trato y cortesía que les sirvan en sus relaciones sociales, necesitan aprender procedimientos para realizar las cosas de modo efectivo, precisan valores que guíen su conducta y proceder, recursos todos ellos que facilitarán su adaptación y les ayudaran a integrarse en la vida social como miembros valiosos de esa sociedad.

   El proceso de socialización reclama a la vez comportamientos de conformidad, asimilación de las normas y valores y desarrollo de conductas autónomas, por ello durante el proceso de sociliazación es necesario disciplinar a los niños en la acción colectiva para que el grupo funcione; las indicaciones y órdenes de los padres y educadores trazan el camino, paulatinamente, el niño mediante la experiencia cotidiana va amoldando su conducta a las normas y sugerencias que recibe, hasta que aprende a regirse por lo que se suele hacer.

   La disciplina implica dominio de las normas y valores aprendidos y expresa una cierta normalización de la conducta como resultado de la aceptación de esas normas y valores tras someterlos a un debate crítico. Una educación permisiva carente de disciplina priva a los niños de esas estructuras necesarias que facilitan su expansión y desarrollo.

   Obedecer una norma sensata es señal objetiva de inteligencia, y es que no es libre el que rehuye las normas, sino aquel que la acepta tras un proceso de crítica y contraste de ideas; es entonces cuando las órdenes se tornan normas para ser compatibles con una libertad racional.

   No conocer las normas y valores sociales lleva a la inseguridad, inseguridad que suele camuflarse tras una acusada indiferencia hacia las normas, usada más bien como signo de independencia respecto a la opinión de los demás, pero tras el que se esconde un temor notable a hacer el ridículo por su patente ignorancia de las normas adecuadas a la situación.

VALORES (2)

  Los niños necesitan un código de valores que canalice sus vidas, afiance sus opiniones, dé un sentido a su vida y logren encontrarse a gusto consigo mismo.

  Pero ¿qué son los valores? ¿quién transmite esos valores? ¿qué finalidad tienen?
  
  Los valores son un código ético interiorizado, unas creencias, convicciones, opiniones que establecen quienes somos, configuran nuestra conducta e influyen en nuestro modo de vivir, en definitiva son la base sobre la cual se edifica todo nuestro ser.

  Ese código ético deviene de la religión, el uso, la costumbre y la ley de una sociedad específica, y se transmiten a través de todas las estructuras sociales, familia, escuela, educadores, amigos, medios de comunicación, equipos deportivos, asociaciones, etc.

  Los valores se transmiten mediante el ejemplo y la instrucción directa, y el ámbito básico para esa transmisión es la familia. Los padres se convierten en guías que van trazando el camino a seguir, mediante indicaciones y correcciones van inculcando aquellos valores que ellos consideran esenciales, sobre los cuales los niños basan su conducta, y ésta les procura satisfacción y bienestar, a la vez que les facilita la convivencia y la integración social.

  Los padres pueden ayudarse para este cometido con una valiosa aliada, la literatura infantil, cuentos y fábulas narran historias y aventuras imaginarias y sencillas que alimentan el mundo de ilusión y fantasía de los niños a la vez que son un medio excelente para que los niños asimilen e interioricen conceptos abstractos, actitudes, conductas y consecuencias de las mismas, que sumarán a sus vivencias enriqueciendo su conocimiento.

  No obstante hay que recordar que un código de valores no puede imponerse, son los niños los que van configurándolo paulatinamente a través de la educación que reciben y de sus experiencias personales, hasta conformar una identidad individual, única, con criterio y convicciones propias, por ello el objetivo de los padres será lograr el mayor grado de autonomía en los niños, motivándoles a ser independientes y elegir su propia opción, dándoles la oportunidad de que ellos mismos valoren la consecuencia de sus conductas y seleccionen aquellos valores que les aportan mayor satisfacción y compensación a su conducta.
  De este modo llegarán a ser jóvenes responsables con capacidad para responder de sus actos, que merecerán confianza porque se regirán por normas autónomas bien enraizadas, no por caprichos; su conducta será generosa y altruista, no egocéntrica, decantada por un trato de consideración a los demás, basada en el respeto mutuo y la tolerancia, jóvenes que responderán ante sí mismos, ante su conciencia como criterio de su adecuada o inadecuada conducta.

  Con estas premisas habremos logrado el propósito o finalidad de un código de valores, que no es otro que crear personas íntegras, responsables, respetuosas de la ley, independientes, con un estilo propio, y lo más importante capaces de aportar algo a la sociedad.
  


VALORES

  Una sociedad se autodefine por el código de valores que prevalece en ella. Si ese código lo componen valores tales como la cultura del poder, el éxito, el glamour, el culto al cuerpo, el erotismo, tendremos una sociedad hedonista, frívola, superficial, necia y estúpida.

  ¿Esta es la sociedad que queremos?, o más bien ¿es la sociedad que tenemos?
  Miremos a nuestro alrededor y observemos el producto de ese código de valores que no es otro que el triunfo de la mediocridad, la vulgaridad, la mezquindad, la grosería, la desvergüenza, el cinismo y la corrupción, cualidades que envilecen y degradan las instituciones de un estado y a los individuos que le componen, y que son propias de una sociedad depravada y decadente.

  Pues bien en esta sociedad confusa y desorientada por una lamentable carencia de valores la familia se resiente, muchos padres viven ofuscados en la búsqueda inexorable del éxito y en ganar la partida de la posición social, olvidando y relegando a un segundo plano la partida primordial de su vida, que no es otra que la educación de sus hijos.

  Si los ninos aprenden lo que viven, y los padres son espejos en los cuales los hijos se miran ¿que valores pueden interiorizar?

  Si los padres delegan la educación de sus hijos en la televisión y en los amigos ¿sabemos que código de valores les están transmitiendo?

  Ante este panorama no podemos permanecer impasibles, los valores predominantes hoy en día y que se están transmitiendo a los niños son un mísero legado para unos hombres en ciernes que constituirán la sociedad del mañana. Asumamos que el sistema educacional actual es un fracaso y tomemos conciencia que con nuestra anuencia se está hurtando a los niños un sistema de valores que les ayude a canalizar sus vidas y afianzar sus opiniones y encontrar un sentido a la vida que les permita sentirse bien con ellos mismos.

  La familia, como pilar fundamental de la sociedad, y transmisora natural de normas y tradiciones, a la vez que agente indiscutible de socialización tiene en sus manos la labor inestimable de impulsar aquellos valores que antaño se transmitían a los niños.